La sublime pervivencia del arte, Cine Alemán Contemporáneo

La sublime pervivencia del arte, Cine Alemán Contemporáneo

Visitar el cine alemán comporta, la más de las veces, un costado ciertamente afanoso…pero no por ello menos deseable.
Desde las magnas obras del expresionismo germano, pasando por el vitalismo de los manifestantes de Oberhausen y hasta llegar al Nuevo Cine Alemán, un largo trecho se ha recorrido y se ha rodado; un trayecto festoneado por categorías Absolutas, por fantasmas internos, la locura sublime, el vagabundeo existencial y la reutilización de géneros cinematográficos tutelados por el siempre intenso.

Sin olvidar el documentalismo experimental y frontal -casi ensayístico- de Farocki, y el cine intelectual del Sr. K -Alexander Kluge-, mismísimo redactor de Oberhausen, podría afirmarse que el cine alemán contemporáneo es también Tom Tykwer (“Corre, Lola Corre”, “El Perfume”), Wolfgang Becker (“Goodbye Lenin”) y Florian Henckel von Donnersmarck, director de la magnífica “La Vida de los Otros”. A ella nos referiremos. “La Vida de los Otros” (Das Leben der Anderen), que recibió el Premio Oscar a la Mejor Película Extranjera así como una gran cantidad de galardones de la cinematografía europea, describe el minucioso, austero y severísimo accionar del capitán Gerd Wiesler (un espectacular Ulrich Mühe) como oficial calificado y competente de la Stassi, la policía secreta del regimen comunista de la antigua República Democrática Alemana. Sin embargo, cuando a Wiesler le sea encomendada la tarea de espiar a una sospechada pareja conformada por un acreditado escritor en ascenso, Georg Dreyman (Sebastian Koch), y la talentosa actriz Christa-Maria (Martina Gedenk), inevitablemente la majestad del arte comenzará a impregnar la yerma vida del experimentado agente, transformándola por completo.

Súbita -y naturalmente- el humanismo del escritor espiado y el potencial revelador de esa vida ajena sublimarán la vigilancia del espía, y sucederá sin artificios ni estridencias; resulta magnífica la escena en que Wiesler se conmueve hasta las lágrimas al escuchar a Dreyman ejecutar en piano la póstuma “Sonata para un hombre bueno”; también aquella secuencia en que un montaje paralelo nos permite acceder al paradero del libro de poemas de Bertolt Brecht, tesoro -extraviado- de Dreyman: las mismísimas manos de Wiesler (el poema que éste lee con inusitada avidez es “Recuerdo de Marie A.” -“Erinnerung an die Marie A.”-).
Pese a la enorme violencia inserta en la propuesta del film (el imperio del control total ejercido por la maquinaria de estado comunista), la misma nunca llega a ser física o visual; sin embargo, von Donnersmarck logra graficar descomunalmente toda la opresión que emana del mandato oficial: la absoluta inclusión del artista al sistema.

Uno de los tantos aciertos narrativos de “La Vida de los Otros” tiene que ver con el peculiar lazo que se establece entre Wiesler y Dreyman, una relación a distancia (en la que extrañamente el primero se tornará en una suerte de presencia angélica para el segundo) que devendrá en un tributo, también a distancia, más allá del tamiz de la tragedia.

También resulta más que pertinente la espesura narrativa que el director brinda a los efectos de la típica “broma malograda” sobre temas de videos de xvideos, sobre todo bajo regímenes totalitarios: resulta memorable la secuencia en que un joven miembro del partido desliza un inocente chiste sobre Erich Honecker (a cargo de la Jefatura del Estado de la RDA).

En este sentido, imposible no recordar el film de Kusturica “Papá se fue en viaje de negocios” (1985), ambientado en plena ruptura entre Tito y Stalin, en la cual Mesha (el enorme actor yugoeslavo Miki Manojlovic) queda involuntariamente atrapado a partir de una desafortunada caricatura, sufriendo, así, los avatares del dogmatismo imperante …. y el destierro compulsivo; también resulta inolvidable aquella secuencia de “La Insoportable levedad del Ser” (1988) (basada en la novela homónima de Milan Kundera) en la que Tomás (Daniel Day Lewis) se vale de la tragedia de “Edipo Rey” para ilustrar los desmanes causados en Europa Oriental, bajo las atrocidades del totalitarismo comunista, a partir de una comparación entre la inocencia dolosa de Edipo y la presunta inocencia de los responsables del regimen; en consecuencia, Tomás sufre el destierro profesional una vez que decide publicar su artículo para la revista Unión de Escritores Checos.

Una mención aparte merecen los intérpretes del film de von Donnersmarck; curiosamente, tanto Ulrich Mühe como Sebastian Koch ya habían trabajado juntos en “Amén”, la cinta de Costa Gavras.