crítica

Alien Vs Depredador… una intento fallido por revivir una franquicia muerta

Alien Vs Depredador… una intento fallido por revivir una franquicia muerta

Cuando en 1987 “Depredador” hizo su aparición en los cinemas hubo un gran entusiasmo en las audiencias. La película, incluso hoy en día, es uno de los principales atractivos de los canales televisivos en sus franjas de héroes del momento.

La saga de las criaturas “alien” por su parte dio inicio en 1979 con el director Ridley Scott (Blade Runner, Gladiador); James Cameron (Terminador, Titanic) la continuo con la segunda entrega en 1986. De la cuadrilogía que comprende esta saga a nivel general sólo la primera y segunda entrega han sido memorables.

Al igual que “Freddy Vs. Jason”, película que reunió a dos grandes del cine de terror de los ochentas, “Alien Vs. Depredador” intenta revivir viejas franquicias que en el pasado han resultado exitosas con el único propósito –al menos eso demuestran- de evidenciar la escasez de ideas que enfrenta la industria del cine.

Cuando por poner un ejemplo los estudios decidieron realizar “Inspector Gadget 2” eso es una clara señal de que algo anda bien, tan bien como los videos pornos.

Esta versión que reúne a las dos criaturas promete únicamente un enfrentamiento a muerte entre ambas especies. Lastimosamente todo aquel que tenga la mínima ilusión que el producto es denso en batallas y cargado de efectos visuales saldrá totalmente desilusionado. No es así.

La cinta inicia con la agrupación de arqueólogos, científicos, guías y todo el personal necesario para realizar una expedición a la Antártica en donde se cree que hay un descubrimiento digno para hacer historia. Estas escenas son todas convencionales y obligatorias en este tipo de películas que sólo buscan reunir un buen número de personajes para saciar posteriormente el apetito de las criaturas. Nada nuevo.

Lo que sucede principalmente aquí es que hay una total incomprensión de las versiones anteriores de “Alien” y “Depredador”. Aunque cada una por su parte exhibió a sus criaturas sin mayor profundidad, esta versión no logra comprender que el éxito de esas películas de los ochenta fue precisamente la habilidad de los directores en crear un ritmo adecuado con la atmósfera adecuada, sin mayores complicaciones.

“Alien Vs. Depredador” tiene unos diseños de producción bobos que más bien parecen ser los ideales para un juego de video. La pirámide en ningún momento logra capturar esa atmósfera que por ejemplo hizo la selva en “Depredador” o la nave abandonada en “Alien”. Además, tratando de crear lazos que unan a las dos películas los guionistas idearon una historia poco creíble.

En las versiones originales, repito, ninguna de las criaturas cumplía otra función que no fuera asechar a sus personajes. Ese era su único propósito. Sin complicaciones. Los directores comprendieron bien eso y mediante un buen lenguaje de cámara lograron crear dos buenas películas de persecución.

Aquí en cambio se le quiere atribuir a los depredadores por ejemplo el papel de dioses. Criaturas que veneraban las antiguas civilizaciones humanas y que cada cien años visitaban la tierra para recibir sacrificios humanos. Supongo que estos depredadores, según la lógica de la cinta, también fueron los que les enseñaron a estos humanos a construir monumentos en alineación perfecta con los astros que hoy en día los científicos y arqueólogos discuten tanto.

Las lecciones de historia quedan mucho mejor en otro tipo de películas como las que tienen en xvideos, no en una cinta que se preocupa únicamente por reunir a dos exitosas criaturas para generar un buen negocio.

Sobre los personajes esta por demás hablar de ellos. Su única función es servirle de alimento a las criaturas. Sin embargo tengo dos observaciones. La primera es sobre el mal gusto que causa cuando los guionistas se valen de pretextos para querer identificar a la audiencia con los personajes con el objetivo de volverlos más humanos. Tal es el caso del científico que portaba su cámara digital e incesantemente hablaba de sus dos hijos.

En un buen drama y en situaciones adecuadas y bien estructuradas eso de los hijos tiene mucho peso dramático. En una película como “Alien Vs. Depredador” es una burla y un método engañoso si es que alguien tuvo compasión por el personaje cuando infelizmente murió. Creo que el público de hoy en día no es tan ingenuo para caer en esas trampas. Pero si alguien se identificó con el personaje mis disculpas por herir sus sentimientos.

La segunda observación es sobre la alianza entre una mujer y un depredador. Me resultó un poco desagradable eso de “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”. Primero, porque lo repitieron innumerables veces, haciendo pasar a la audiencia como incapaz de comprender tal situación. Y segundo, cuando la mujer se involucra en el combate todo se viene abajo. La poca atmósfera que había creado la cinta se desplomó.

En fin todo aquel seguidor o fanático de las criaturas originales no encontrará nada que satisfaga sus expectativas, a no ser que las pocas secuencias de acción sean suficientes para sus gustos, que por cierto no están nada bien elaboradas.

No hablo del guión porque en realidad no es necesario. Sólo diré que hay demasiadas inconsistencias y huecos narrativos tal como se esperaba en este tipo de producciones. Al final aunque me entretuvo por momentos no puedo considerarla ni siquiera como una película regular.

La sublime pervivencia del arte, Cine Alemán Contemporáneo

La sublime pervivencia del arte, Cine Alemán Contemporáneo

Visitar el cine alemán comporta, la más de las veces, un costado ciertamente afanoso…pero no por ello menos deseable.
Desde las magnas obras del expresionismo germano, pasando por el vitalismo de los manifestantes de Oberhausen y hasta llegar al Nuevo Cine Alemán, un largo trecho se ha recorrido y se ha rodado; un trayecto festoneado por categorías Absolutas, por fantasmas internos, la locura sublime, el vagabundeo existencial y la reutilización de géneros cinematográficos tutelados por el siempre intenso.

Sin olvidar el documentalismo experimental y frontal -casi ensayístico- de Farocki, y el cine intelectual del Sr. K -Alexander Kluge-, mismísimo redactor de Oberhausen, podría afirmarse que el cine alemán contemporáneo es también Tom Tykwer (“Corre, Lola Corre”, “El Perfume”), Wolfgang Becker (“Goodbye Lenin”) y Florian Henckel von Donnersmarck, director de la magnífica “La Vida de los Otros”. A ella nos referiremos. “La Vida de los Otros” (Das Leben der Anderen), que recibió el Premio Oscar a la Mejor Película Extranjera así como una gran cantidad de galardones de la cinematografía europea, describe el minucioso, austero y severísimo accionar del capitán Gerd Wiesler (un espectacular Ulrich Mühe) como oficial calificado y competente de la Stassi, la policía secreta del regimen comunista de la antigua República Democrática Alemana. Sin embargo, cuando a Wiesler le sea encomendada la tarea de espiar a una sospechada pareja conformada por un acreditado escritor en ascenso, Georg Dreyman (Sebastian Koch), y la talentosa actriz Christa-Maria (Martina Gedenk), inevitablemente la majestad del arte comenzará a impregnar la yerma vida del experimentado agente, transformándola por completo.

Súbita -y naturalmente- el humanismo del escritor espiado y el potencial revelador de esa vida ajena sublimarán la vigilancia del espía, y sucederá sin artificios ni estridencias; resulta magnífica la escena en que Wiesler se conmueve hasta las lágrimas al escuchar a Dreyman ejecutar en piano la póstuma “Sonata para un hombre bueno”; también aquella secuencia en que un montaje paralelo nos permite acceder al paradero del libro de poemas de Bertolt Brecht, tesoro -extraviado- de Dreyman: las mismísimas manos de Wiesler (el poema que éste lee con inusitada avidez es “Recuerdo de Marie A.” -“Erinnerung an die Marie A.”-).
Pese a la enorme violencia inserta en la propuesta del film (el imperio del control total ejercido por la maquinaria de estado comunista), la misma nunca llega a ser física o visual; sin embargo, von Donnersmarck logra graficar descomunalmente toda la opresión que emana del mandato oficial: la absoluta inclusión del artista al sistema.

Uno de los tantos aciertos narrativos de “La Vida de los Otros” tiene que ver con el peculiar lazo que se establece entre Wiesler y Dreyman, una relación a distancia (en la que extrañamente el primero se tornará en una suerte de presencia angélica para el segundo) que devendrá en un tributo, también a distancia, más allá del tamiz de la tragedia.

También resulta más que pertinente la espesura narrativa que el director brinda a los efectos de la típica “broma malograda” sobre temas de videos de xvideos, sobre todo bajo regímenes totalitarios: resulta memorable la secuencia en que un joven miembro del partido desliza un inocente chiste sobre Erich Honecker (a cargo de la Jefatura del Estado de la RDA).

En este sentido, imposible no recordar el film de Kusturica “Papá se fue en viaje de negocios” (1985), ambientado en plena ruptura entre Tito y Stalin, en la cual Mesha (el enorme actor yugoeslavo Miki Manojlovic) queda involuntariamente atrapado a partir de una desafortunada caricatura, sufriendo, así, los avatares del dogmatismo imperante …. y el destierro compulsivo; también resulta inolvidable aquella secuencia de “La Insoportable levedad del Ser” (1988) (basada en la novela homónima de Milan Kundera) en la que Tomás (Daniel Day Lewis) se vale de la tragedia de “Edipo Rey” para ilustrar los desmanes causados en Europa Oriental, bajo las atrocidades del totalitarismo comunista, a partir de una comparación entre la inocencia dolosa de Edipo y la presunta inocencia de los responsables del regimen; en consecuencia, Tomás sufre el destierro profesional una vez que decide publicar su artículo para la revista Unión de Escritores Checos.

Una mención aparte merecen los intérpretes del film de von Donnersmarck; curiosamente, tanto Ulrich Mühe como Sebastian Koch ya habían trabajado juntos en “Amén”, la cinta de Costa Gavras.